Cánticos en Boca

Imagínense señoras y señores, una catedral. Pero no una catedral cualquiera, este templo del que hablo está por encima de cualquier religión… por lo menos acá, en Argentina. Hablo de la Catedral del Fútbol, hablo de la Bombonera.

Imagínense ahora que en este escenario, por esta vez, se deja la rivalidad de lado. Ya no son las barras las que animan a Boca, enfrentándose a las barras de River, Vélez, Independiente o San Lorenzo, por nombrar a algunos. Imagínense que por una vez, las 40.000 personas se congregan para cantar con una sola voz, con un solo ritmo, con la mirada fija en un solo punto.

Imagínense también, que en ese punto donde se juntan las miradas, tenemos un MAESTRO, con mayúsculas, un poeta español, que se merece ser argentino, porque acá se le quiere tanto o más que en su país de origen. Un cantante con una voz rota privilegiada e irrepetible. ¿Se imaginan de quien hablo? ¿Todavía no? Pues imagínense que uno de esos cánticos comienza así:

En el boulevard de los sueños rotos
vive una dama de poncho rojo,
pelo de plata y carne morena.
Mestiza ardiente de lengua libre,
gata valiente de piel de tigre
con voz de rayo de luna llena.

Por el boulevard de los sueños rotos
pasan de largo los terremotos
y hay un tequila por cada duda.
Cuando Agustín se sienta al piano
Diego Rivera, lápiz en mano,
dibuja a Frida Kahlo desnuda.

El escenario no podía ser mejor, la Bombonera reventaba, el cielo despejado dejaba ver la Cruz del Sur y el Cinturón de Orión, la voz de Joaquín se escuchaba impecable y las 40.000 gargantas cantaban todos y cada uno de los versos de todas y cada una de las canciones. Cuando Sabina callaba y las luces iluminaban la cancha se podía comprobar que si el suelo temblaba no era por los potentes altavoces, si no por el ejército de voces, y en ese momento no se podía otra cosa que sentir un escalofrío de pies a cabeza, no se podía otra cosa que pensar que el momento era único e irrepetible.

Me resulta complicado explicarlo con palabras, lo reconozco. Pero salí con la sensación de que había sido el mejor concierto de mi vida. Cuando después de dos bises se encendieron las luces y la gente empezó a salir yo quería más… todos queríamos más. Jamás un concierto se me hizo tan corto.

Y me apetece compartirlo con vosotros, así que os dejo dos trocitos de dos canciones de aquel día: Y Sin Embargo y Dieguitos y Mafaldas.

Además unas palabras de Joaquín en el concierto:

“Buenas noches, Buenos Aires. No es para nosotros un día cualquiera venir aquí. Pasamos años soñando con esta noche. La memoria del corazón recuerda cada minuto que vivimos aquí.

¡¡No se me mueran nunca, carajo!! La velada ha impresionante. Nunca os olvidaremos. Nunca os hemos olvidado. Nunca lo haremos”

Y para terminar, una dedicatoria que queremos hacer Elena y yo, desde Buenos Aires, a nuestra amiga Teba. Va por tí:

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6 Respuestas a Cánticos en Boca

  1. Hay que ver que bien escribes Javi.
    No muy a menudo, cierto.
    Pero que bien.

    Seguro que fue impresionante.

    Si bien Sabina es grande, justo hoy he descubierto al cantante más grande en todos los sentidos:

    Enjoy!

  2. Pero con faltas :@

  3. Gracias por acordaros de miiii!!! Qué iluuuuu!! ^_^

  4. Es verdad, escribes muy bien. Me emociona leerte ;) y ver a Sabina …

  5. Me alegro de que lo pasases tan bien, Txu.

    Andy: en mi pueblo con ese se hubiese hecho una matanza… qué hermosura de jamones! :P

  6. Al leer el post me dieron ganas de ir algún concierto. Lo he intentado varias veces en Belgrado, pero son muy caros , en srpski o me pillan fuera del país =S
    Me tendré que plantear el viajar a tu ciudad =)

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